De oratorio a templo; Iglesia Nuestra Señora del Carmen

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A inicios de enero de 1816, en la Sala del Cabildo josefino, se tomó una importante decisión para la que entonces no pasaba de ser una aldea: se acordó construir el primer edificio destinado a la educación de su juventud. Previamente habíase levantado la lista de donantes para realizar la obra, entre quienes estaba el destacado presbítero Félix Velarde Umaña. Él había sido párroco de San José y era propietario del primer cafetal documentado en el país, cultivo que también había promovido entre los vecinos. Además de ser uno de los principales contribuyentes, anota monseñor Sanabria

Dos años más tarde, en febrero de 1818, se inauguraba el edificio que, según el historiador Luis Felipe González Flores, era una “L”: “de cien varas de norte a sur, dando vuelta de oriente a poniente, con 35 varas de largo y 7 de ancho en su centro (Evolución de la instrucción pública en Costa Rica).

Así, la devoción a Nuestra Señora del Monte Carmelo es casi tan antigua como la Iglesia Católica misma, pero el origen de su culto en San José es producto del regalo de una imagen hizo el obispo García Jerez en su visita pastoral a Costa Rica en 1815.

A partir de entonces, el culto por esa advocación de la Virgen María empezó a expandirse en el corazón de los josefinos. A la vez, la que desde 1823 era capital del Estado veía aumentar poco a poco el número de sus casas, al calor del cultivo del café, que se expandía también.

Por otra donación. Dicha propiedad abarcaba casi un solar, o cuarto de manzana, en la esquina de la avenida 3 y la calle Central. En noviembre de 1827 pasó por herencia a las señoritas Jerónima y María Concepción Quirós, hijas de quien había sido su dueño.

Al dictar testamento en diciembre de 1830, ambas devotas de la Virgen del Carmen se la otorgaron con el fin de que se le construyera allí, ya no un oratorio sino un templo. De este modo, otra donación consolidó esa presencia religiosa en la ciudad. Transcurriría más de una década para que la voluntad de “las niñas” Quirós se materializara pues, aún en 1841, la nueva división territorial capitalina partía el centro de San José en dos grandes barrios: el del Carmen al sur y el de la Merced al norte.

No obstante, el 2 de setiembre de 1841, el terremoto del día de san Antolín acabó con el viejo oratorio. Así, para 1845 había ya una ermita en su emplazamiento actual, con lo que el deseo de las hermanas se vio al fin cumplido. Refiriéndose a ella, en 1858, escribió el viajero Thomas Francis Meagher: “Además de la catedral, en San José hay otras dos iglesias: Nuestra Señora de La Merced y Nuestra Señora del Carmen, pero ambas son penitentes de arquitectura”.

“Ningún edificio podría tener un aspecto más modesto, más tristemente casto, ni más humilde. Paredes de adobe, techos de tejas coloradas y ordinarias, pisos de tierra apisonada, llenos de grietas y cascajo, torres que sólo parecen esqueletos de campanarios: nada podría ser más pobre”, añadió Meagher.

Templo, barrio y distrito. En efecto, aunque presente desde la época colonial, el obispo Llorente quiso darle un nuevo impulso al culto del Dulce Nombre de Jesús en San José. Con ese fin, encargó a Adolfo Calderón, mayordomo del Carmen, que se dedicase a fortalecer su devoción.

Tras un largo proceso reconstructivo, la nueva iglesia se bendijo en julio de 1874, mientras que, en la zona se declaró parroquia en 1881. El templo se veía sencillo pero de elegante aspecto. Era notorio el campanario, ubicado al lado sur, pero este se perdió durante el terremoto de 1910, tras el cual renovaría su apariencia.

Ese proceso se repitió luego de que los sismos de 1924 dañaran de nuevo la iglesia, y ésta adquiriera su aspecto actual, de modestos elementos arquitectónicos neobarrocos en la fachada, pero que conserva en esencia los rasgos del diseño original. La función de la iglesia Virgen del Carmen sigue siendo la misma tras casi dos siglos de existir: ser albergue de la fe  josefina.

Extraído de periódico La Nación.